El incendio del Convento de las Agustinas de Dénia en el contexto dianense de 1936

Per Javier Calvo Puig, doctor en Historia. 

Hace 75 años (en la madrugada del  jueves 16 de enero de 1936) tuvo lugar en nuestra ciudad el incendio del convento de Agustinas. Sólo se salvaron el  claustro y la imagen de la Santísima Sangre, gracias a la intervención de un dianense, el señor Baldó. Noticias de ello tenemos en la prensa, especialmente el artículo que publicó la revista Mundo Gráfico (17 de junio de 1936), que reproducimos íntegro al final de estas líneas. El incendio fue debido, según todas las versiones, a un fallo en la instalación eléctrica; sin embargo hay una serie de hechos relacionados con el contexto histórico, que sin descartar la afirmación oficial, nos hacen cuestionarla.

Ejemplar de Mundo Gráfico de 17/VI/1936 en el que aparece el reportaje sobre el incendio del convento de Agustinas y la salvación de la imagen de la Santísima Sangre. Es doblemente interesante para los dianenses, pues, a continuación del artículo que tratamos, hay otro sobre Carmen Moragas (actriz y ex amante de Alfonso XIII), donde se cita el que fue su último pretendiente, el dianense Juan Chabás Bordehore.

Ejemplar de Mundo Gráfico de 17/VI/1936 en el que aparece el reportaje sobre el incendio del convento de Agustinas y la salvación de la imagen de la Santísima Sangre. Es doblemente interesante para los dianenses, pues, a continuación del artículo que tratamos, hay otro sobre Carmen Moragas (actriz y ex amante de Alfonso XIII), donde se cita el que fue su último pretendiente, el dianense Juan Chabás Bordehore.

El periodo que tratamos es convulso. Se había proclamado pocos años antes la II República en España; uno de sus principales banderines de enganche era la aconfesionalidad del estado en su flamante constitución de diciembre de 1931 (artículo 3: “El Estado español no tiene religión oficial”). Sin embargo, hechos como la quema de conventos, iniciada en Madrid la jornada del 11 de mayo de 1931 y que se extendió por todo el territorio (esa noche en Alicante se incendiaron el convento de capuchinos, las Escuelas Salesianas, y la residencia del obispo…) hacen dudar de la neutralidad religiosa del nuevo orden institucional.

Los cambios de los gobiernos en la capital tenían su reflejo en la ciudad, como venía ocurriendo desde la Restauración; y así se suspendían o cambiaban los ayuntamientos según quien imperase en  Madrid. En el momento del incendio era alcalde accidental de nuestra ciudad (desde fines de 1934) D. Agustín Montón Ordines, pues el electo había sido suspendido por el gobierno radical-cedista.

El seguidismo de las corporaciones es tal que cuando (tras la fracasada revolución de octubre) se recibe una carta de la alcaldía de Huelva proponiendo que sea nombrado ciudadano  de honor el presidente del Gobierno  D. Alejandro Lerroux, por “la energía y acierto con que el actual  gobierno de su presidencia ha sofocado la reciente criminal intentona revolucionaria en defensa  del orden social y de la unidad de la Patria, salvando a esta y a la República”, es aprobada por aclamación en el pleno de 9/XI/1934.

Sin embargo la situación social en nuestra ciudad (y en el resto del país) resta mucho de ser tranquila. Nos encontramos con huelgas y protestas de todo tipo. Podríamos afirmar que, en líneas generales, cuando en Madrid había un gobierno de izquierdas, en nuestra ciudad se producían ataques a la libertad religiosa; y cuando éste era de signo conservador, se producían algaradas contra el sistema.

La conexión de nuestra ciudad con núcleos revolucionarios quedaría patente con el arresto de un importante agitador en agosto[1] de 1935. “Trátase de la detención efectuada ayer, en Denia, de Joaquín Félix Borrallo, conocido extremista, que se halla convicto y confeso de su intervención en los actos de sabotaje realizados. La declaración del detenido ha sido tan explícita, que, merced a ella, se ha conseguido descubrir los sitios donde estuvieron depositados los líquidos inflamables que se utilizaron para perpetrar aquellos delitos” (sabotajes en los trenes). La detención se consideró tan importante que las compañías ferroviarias MZA y Del Norte entregaron sendos cheques de 2.500 Ptas. como gratificación a la Dirección General de Seguridad para repartirlo entre los funcionarios participantes; el director General interino, regaló también una pistola a cada uno de los participantes…

Y es que los incendios eran pan del día en el año 1935. En nuestra localidad se quemaron dos aserrerías, una en el mes de marzo[2], causando daños valorados en 15.000 ptas. (la de Pérez y Hostalrich) pues ardió gran cantidad de madera y maquinaria; otra, la de los señores Montón de la C/ Alejandro Lerroux[3] (actual C/ Marqués de Campo).

El incendio del convento[4] tuvo repercusión en la prensa nacional, y se publicó una fotografía del destrozo en el edificio[5], la cual reproducimos:

Referencias al incendio en La Vanguardia y ABC respectivamente.

5 ABC-18.01.1936-pagina 008

Referencias al incendio en La Vanguardia y ABC respectivamente.

El incendio fue sofocado gracias a la intervención de los vecinos de la localidad y de los bomberos[6] de la vecina localidad de Oliva. Su ayuda tuvo un coste de 182’60 ptas. desglosadas de la siguiente forma:

 “A D. José Baldó Roca, y otros, gratificación por su intervención en los trabajos de extinción del incendio del día 16 en el Convento de las Agustinas: 75 Ptas.

A los bomberos de Oliva gratificación por su intervención con el autocuba en el mencionado  incendio: 100 Ptas.

A D. Enrique Suay, importe de 10 litros de gasolina con destino  al autocuba de Oliva: 7’60 Ptas.”

Se considera[7] que las causas de los incendios en las aserrerías de los Señores Montón y la de los Señores Pérez y Hostalrich, acaecidos en 1935 son “a que además de las causas comunes originarias de estos siniestros en toda la población, existen  en ésta otros como son las defectuosas instalaciones eléctricas en la mayoría de los locales de concurrencia pública, defecto apreciado por técnicos especializados y que son causa de cortocircuitos productores de incendios”, obviando que si el único motivo de los incendios fuese lo obsoleto del material eléctrico, éstos deberían afectar a cualquier tipo de edificios, no sólo aserrerías, y no sólo cuando gobernasen los conservadores.

El incendio del convento tiene efectos colaterales, pues se conciencia a la corporación municipal de la necesidad de crear un servicio de bomberos. Al día siguiente del siniestro,  el 17/I/1936 el Alcalde habla de tres incendios en el transcurso de un año: “El último que ha de lamentarse ocurrió en la madrugada de ayer, se produjo en el edificio ocupado por la Iglesia y el convento de las monjas agustinas descalzas. Los perjuicios han sido, en este caso, irreparables, pues, a parte de los daños propiamente materiales, muy cuantiosos, han resultado totalmente destruidos objetos de un extremado valor artístico y reliquias generalmente veneradas por el vecindario. Y menos mal que no ha habido, ni en este ni en los anteriores accidentes, que lamentar desgracias personales”.

Propone crear un servicio de extinción de incendios y la compra de un autocuba. Por unanimidad se aprueba la compra de un “auto regadera bomba” para los servicios de riego e incendio mediante concurso para su compra. Sin embargo el entusiasmo  de la corporación era matizado por la realidad económica del ayuntamiento accidental; numerosos embargos por impago, la realización de obras para las escuelas y cuartel de la Guardia Civil, amén de numerosas reparaciones por el término municipal lastraban la siempre deficitaria economía local.

Las actuaciones directas del alcalde con el representante de la marca Hispano Suiza, permiten que se proponga al pleno para el servicio un autocuba Hispano Suiza tipo 2T4 con capacidad para 3.000 litros, con precio de 26.825 Ptas., de 17’2HP, cilindrada de 2’95 litros,  y consumo medio de 22-25 litros cada 100 Km. Por unanimidad[8] es aprobada su adquisición, para lo que habrá que modificar el presupuesto (ya prorrogado de por sí), y además “hacer economías”, lo cual es reconocer que no hay capital real para la inversión. Es propuesto para ser su chófer (en la sesión del 14 de febrero) Antonio Costa (apenas lo será hasta la llegada de la nueva corporación salida de las elecciones de ese mes).

A principios de marzo cambia el signo político del ayuntamiento, iniciando una etapa de crítica a lo anteriormente realizado y un pronto ataque a los símbolos religiosos. Ya en la sesión presidida por José Calafat Cabrera[9] se critica el mal aspecto del recién adquirido autocuba: “Se trata de un coche absolutamente  nuevo, en el que su mal aspecto exterior, dependía de deficiencias en el pintado del mismo, a causa de las prisas con que fue requerida su entrega”, según el concejal Félix Roig Ferrer, fiscalizando la urgencia con que había sido acordada su adquisición por la anterior comisión gestora del Ayuntamiento. Mientras tanto apremian los problemas en la ciudad por las obras del puerto: han provocado el paro forzoso de las aserrerías… con lo que se incrementan las quejas de la población afectada y aumenta la inestabilidad.

Este clima intolerante explica que el día 10 de abril (preside la sesión José Catalá Torres) se presente una moción claramente anticatólica, declarada de urgencia, sobre toque de campana y enterramientos:

“Los que suscriben, Concejales de este M.I. Ayuntamiento a la Corporación en  Pleno acuden y atentamente exponen:

Que atendiéndose a los momentos actuales que en España se atraviesan y viendo ya un poco claramente que nuestra Patria va entrando en  los caminos de la verdadera República laica, acudimos en

 Súplica de que por esta misma Corporación se acuerde:

1º Que se prohíba terminantemente el toque el toque de las campanas de las Iglesias de la ciudad.

2º Que igualmente se prohíba el haber entierros católicos con cruz alzada por las vías públicas de esta ciudad, y

3º Que se prohíba también toda clase de manifestación de carácter católico por las vías públicas.

Por todo ello es por lo que acudimos pidiendo se apruebe en todas sus partes nuestra moción.

Casas Consistoriales a 10 de Abril de 1936.

Ricardo Ivars, José Bertomeu, José Montserrat, Jaime Guinnot, José Conejero, S. Beltrán, Juan García Pajarón, Diego Álvarez, A. Solanes.”

El punto primero ya había sido tema de discusión en un pleno de finales de 1932, donde se solicitó (a propuesta de un concejal radical) un impuesto sobre entierros y toques de campanas, que no prosperó ante el recordatorio del secretario del ayuntamiento de que el decreto de 22 de mayo de 1931 amparaba la libertad de creencias religiosas y cultos…

José Catalá Torres propuso su aprobación íntegra, cosa que logró, a pesar de la intervención del secretario poniendo en  evidencia “respetuosamente” la inconstitucionalidad de la persecución religiosa, aclaración que se tuvo en cuenta, pero se aprobó por unanimidad. En esa misma sesión se da cuenta del desalojo de las residencias de religiosos. “La presidencia dio cuenta por último, del desalojamiento de los Conventos de Agustinas Descalzas y Carmelitas, por las Comunidades que  las ocupaban, así como de la entrega, mediante acta, a esta Alcaldía, de las llaves respectivas”.

Es decir, aunque el incendio del claustro fuera fortuito (posible, pero discutible en este clima anticatólico), la persecución contra las congregaciones religiosas en Dénia está servida, puesto que también se había privado a la Iglesia de su magisterio educativo, para ubicar escuelas nacionales en su lugar. Tanto es así que cuando por la ciudad corren rumores sobre la vuelta de los religiosos, el ayuntamiento[10] lo considera una afrenta: “La alcaldía rogó por último a los tres concejales que desmintieran todos y cada uno de ellos los rumores que circulaban en desprestigio de la actual corporación municipal, referentes a la enseñanza de los HH Maristas, reintegro a sus conventos de las monjas y anomalías referentes a la administración de la Décina contra el paro obrero”.

La persecución religiosa dio una nueva vuelta de tuerca en la sesión del 29/IV/1936, presidida por Manuel Llambries Sivera, pues prosperó una demanda del concejal Juan García Pajarón: “Si por el Ayuntamiento se podían imponer gravámenes sobre las funciones religiosas celebradas en las iglesias de la localidad, cual se hace en los cines, por tratarse de espectáculos públicos”. El alcalde contestó un lacónico “se informaría”.

El punto de vista del ayuntamiento salido de las elecciones de febrero del 1936 estaba claro, pues dos meses después, el 29 de mayo[11], previa declaración de urgencia se acuerda una propuesta del concejal  José Conejero Hernández “que por la comisión de Hacienda se estudie el establecimiento de un impuesto Municipal sobre estampas, carteles, azulejos, pinturas, esculturas, etc. alusivas a la religión católica…”

En resumen y para finalizar (aunque en su momento todo parece indicar el incendio fortuito  del convento), la inestabilidad social del periodo, las actuaciones antirreligiosas del nuevo régimen político y en especial la premura de algunas actuaciones del ayuntamiento en el mismo sentido (prohibición de manifestaciones religiosas católicas, impuestos contra la Iglesia, eliminación de órdenes religiosas), nos hacen cuanto menos dudar de la versión oficial en aquel turbulento momento de nuestra historia.

A continuación las cuatro páginas dedicadas al  incendio y rescate de la imagen en Mundo Gráfico.

7 Mundo gráfico. 17-6-1936 Incendio SSMM Sangre

8 Mundo gráfico. 17-6-1936 Incendio SSMM Sangre

9 Mundo gráfico. 17-6-1936 Incendio SSMM Sangre

10 Mundo gráfico. 17-6-1936 Incendio SSMM Sangre

[1] Sesión de 27/III/ 1936 (AMD).

[2] Sesión del 8/V/1936 (AMD).

[3] Presidía la sesión D. José Monserrat Fontana.

[4] ABC, 18/I/1936; Libro de Actas del Ayuntamiento de 1936, Nº 50; La Vanguardia 17/I/1936.

[5] Sesión de 29/I/1936 (AMD).

[6] Sesión de 29/I/1936 (AMD).

[7] ABC,  7/VIII/1935.

[8] ABC, 6/III/1935.

[9] Citado en el libro de actas del ayuntamiento de 29/I/1936. Archivo Munipal de Dénia (AMD).

[10] Fuentes orales no confirmadas documentalmente, citan que también se incendió la misma noche que el convento la iglesia del cementerio  municipal.

[11] ABC, 18/I/1936.