El Pare Pere y el sitio de Tortosa

Por Javier Calvo Puig.

De los escritos que han sobrevivido al paso de la época de fray Pedro Esteve destacan varios que son enmarcados en la sublevación de Cataluña de 1640-52. Han llegado a nosotros no sólo a través de sus diferentes biógrafos, sino también de estudiosos de la literatura de fines del XIX y principios del XX, como José Mª Puig Torralba, José Ribelles, o en ediciones contemporáneas a cargo de Vicent Josep Escartí. El contexto y posible origen de los versos es la participación del Pare Pere en el sitio y rendición de Tortosa de 1650, y una carta del mismo Pare Pere que mandó imprimir en Valencia en 1651, y que se conserva en la Biblioteca Nacional[1].

Reproducción del documento impreso en Valencia obra de fray Pedro.
Fuente: Biblioteca Nacional de España.

Para entender mejor la carta (escrita a petición de un tercero que desconocemos), debemos hacer referencia al contexto histórico: la rebelión de Cataluña de 1640-1652. Es uno de los muchísimos impresos que se realizaron para dar a conocer los hechos bélicos, así como de servir de propaganda del monarca. El caso de la toma de Tortosa que nos ocupa no es una excepción. He aquí algunos ejemplos tomados mayoritariamente de la Biblioteca Nacional de España:

Aquesta presentació amb diapositives necessita JavaScript.

La rebelión de Cataluña de 1640-1652 se enmarca dentro de las guerras de religión que minaban Europa a principios del S. XVII, cuyo principal exponente fue la Guerra de los Treinta Años (1618-48), donde la monarquía hispánica fue elemento trascendental por el peso de la casa de Austria en la defensa del catolicismo. Como el coste de la guerra era excesivo para Castilla (principal sustento de la corona) el valido de Felipe IV, Conde-Duque de Olivares, propuso en 1626 un proyecto que aunase en los esfuerzos de defensa a todos los reinos de la corona en proporción a su población y riqueza: La Unión de Armas[2].

Sin embargo esto no fue bien recibido fuera de Castilla por los reinos que habían gozado de la protección de la corona (sin tener que haber contribuido a ello). La situación se agrava cuando a partir de 1635 el rey francés de Luis XIII declara la guerra a Felipe IV. La presencia de tropas españolas en Cataluña, hizo que los roces con la población civil, agravios y desmanes fuesen en aumento hasta que la rebelión estalló abiertamente en 1640. Durante la fiesta del Corpus Christi del 7/VI/1640, instigadores mezclados entre los segadores que habían marchado a recoger la cosecha se rebelan y matan al virrey de Cataluña, Marqués de Santa Coloma (al grito de ¡Viva la fe de Cristo! ¡Viva la tierra muera el mal gobierno!), y a cuantos creyeron funcionarios castellanos[3].

La rebelión puso a Pau Claris al frente de la Generalitat, quien, para enfrentarse a los supuestos abusos de Felipe IV, propuso en 23/I/1641 que Cataluña[4] se pusiese bajo la protección de Francia. Así Luis XIII pasó a ser conde de Barcelona y Cataluña parte de la corona francesa. Ahora los catalanes sí que sufragaban el gasto de un ejército extranjero, su ocupación y administración bajo un virrey francés… hasta la caída de Barcelona en manos de Juan José de Austria en octubre de 1652. La paz definitiva se lograría con el tratado de los Pirineos (7/XI/1659), firmado con Luis XIV.

La situación de Cataluña la podemos ver en estos versos del Pare Pere (también conocido en vida como fray Pere el descalç) extraídos de su poema “Plora Barcelona” y en el que se cita a nuestra ciudad como puerto de la escuadra real[5]:

Plora Barcelona

lo que ans cantava

de pròspera y rica,

famosa y ufana;

perquè està ja pobre

y molt trasquilada,

com tot lo món sab

y corre la fama,

que el Francès procura

tots traure’ls de casa.

(…)

No han volgut sufrir

la gent castellana

i ara a lluterans

alotgen en casa.

Les mullers y filles,

neboda i germana

los estan servint

davant, ballant l’aigua:

la estopa i lo foc

solen fer gran flama.

(…)

En lo port de Dénia

entra nostra esquadra

alegre y contenta

ab tan gran hassanya.

L’armada francesa

troba’s afrontada,

en lo cap trencat

y sens capitana.

No ha pogut curar-se

ab teles de aranya.

(…)

Acta del ayuntamiento de Dénia de 26/X/1650 en que se donan al virrey 300 £ de la ciudad para socorro del sitio de Tortosa.
Fuente: AMD Leg 20, Actas de 1635 a 1652.

La monarquía hispánica recurre a sus reinos para acabar con la rebelión. El reino de Valencia acude en su ayuda con dinero, provisiones y tropas. Y con ellas marchará, ya a sus 68 años, nuestro Pare Pere como ayuda espiritual. Participa con sus carabines esquerreres de las que nos habla su coetáneo y biógrafo fray Cristóbal Mercader, como defensor de la fe, puesto que entre las tropas francesas había numerosos protestantes, especialmente hugonotes, y por tanto herejes. En el texto de 1651 el Pare Pere habla de “esguízaros”, que es el término que se empleaba militarmente para definir a los soldados portadores de picas, que en esta época solían ser mercenarios suizos o reformados alemanes, por tanto protestantes enemigos de la fe católica. Conviene recordar que los obispos catalanes estuvieron a favor del rey durante toda la rebelión. Esta crítica a las tropas no católicas entre los rebeldes los volvemos a ver en estrofas  de otro poema del Pare Pere “Tu no et dius Miquel”:

(…)

Germà Juan Fuster,

tens molt mala fama

per los mals que fas

per tota la Plana,

que maltractes frares

i gent reformada,

a ningú perdones

-fins al xic que mama-,

oblidat de fer

allò que Déu mana.

I pareix molt mal

a la gent cristiana

el dir que de heretges

i de gent pagana

més estimes ser

que del rei de Espanya.

Desterres a bisbes

i traus de sa casa,

seguint la doctrina

mal interpretada.

(…)

Pareix Catalunya

Babilònia ara:

parla’s moltes llengües

que abans no parlava.

Los xics parlen ja

la llengua de França

i molts la defensen

a punta de llança,

que més yag no volen

llengua castellana.

(…)

Y naturalmente como súbdito, encuadrado en las tropas enviadas en socorro de Cataluña por orden del Virrey de Valencia (de 1650 a 1652), Pedro de Urbina y Montoya[6]. No era la primera vez que coincidían virrey del reino y arzobispo de Valencia (S. Juan de Ribera lo fue entre 1602 y 1604, o Juan Tomás de Rocabertí entre 1678-79). Se da la coincidencia de que era también de la orden franciscana, en la que ingresó en 1609, en fechas similares a las de nuestro Siervo de Dios.

La situación de Cataluña era un mal ejemplo para toda la monarquía. Estos versos del Pare Pere “Tu no et dius Miquel” lo muestran:

(…)

Dius-te Micalet,

que és  nom de campana,

que  no  fa  bon so

si no està penjada.

Guarda’t del botxí,

que et caurà la bava

si damunt ton coll

dança la pavana,

donant a ta gent

la darrer llengua da.

No et soterraran

en fossa sagrada,

sinó dalt de  un  arbre,

penjant de una rama.

 

I los qui et veuran

de tan lletja cara,

quan passen, diran:

“Així, en hora mala! m

Perquè qui mal viu,

mal mor i acaba.”

 

Qui  tal  mai creguera,

qui tal mai pensara!

Que los catalans,

lleons braus de Espanya

s’hagen tornat polls

de los  galls de França.

No sé qui és la lloca

ni qui l’ha posada:

 

sé que molts dels ous

se li tornen aigua.

(…)

Dius que lo Francés

ja és senyor de Espanya

perquè Catalunya

la té ja guanyada.

Digues-li perduda

i tiranitzada;

perquè gent menuda

la hi han entregada

per voler manar

a la gent granada.

(…)

Tortosa había caído en manos francesas en julio de 1648. Era un punto estratégico, pues gracias a su puerto y ubicación geográfica podía servir de base para el control del sur de Cataluña y enlace hacia las tierras del Ebro. Se la consideró lugar necesario para el control de la costa y aislamiento de Barcelona. Y hacia allí se dirigió el Marqués de Mortara al mando de las tropas españolas.

Imágenes de la plaza de Tortosa tras su toma por las tropas francesas en 1648. Fuente: http://www.gallica. bnf.fr.

Las tropas valencianas en el sitio de Tortosa, según nuestro Pare Pere, serían unos “cuatro mil hombres valencianos. Y todo este grande socorro de la Ciudad y Reino de Valencia se debe a la vigilancia, y cuidado que puso en su acción el Ilustrísimo y Excelentísimo señor D. Fr. Pedro de Urbina Arzobispo de Valencia Virrey, y Capitán general de su Reino, pues dentro quince días le juntó, y le envió a Tortosa, que para su breve, y buen despacho envió a diversos ministros a que diesen calor para que saliese la gente, y no menos considerable el juntar dinero para pagar la que corría por su cuenta. Y el Ilustre Cabildo de su iglesia quiso imitar a su Prelado, pues levantó a su costa una Compañía de hombres, y la sustentó todo el tiempo duró el sitio. Y aunque cada día se daban en el ejército 18 mil panes de munición, solo habría 12 mil hombres de armas, los demás eran gastadores”.

Destacaron desde su llegada el 11 de noviembre[7] en labores de fortificación y defensa: “solo el Tercio de la Ciudad hizo la trinchera a la parte de arriba camino de Tibissa desde el río al monte tan bien hecha como la hubiese en el cordón, trabajando desde el amanecer hasta la noche. Los demás Tercios del Reino hicieron su trinchera con sus fortines y puntas de diamante, desde el río al barranco dicen del diablo, que es por donde había el enemigo de venir a romper para socorrer la Plaza: no era este puesto para gente que no fuese de satisfacción”.

La labor de fray Pedro Esteve era de apoyo espiritual a las tropas: “Y yo quedaba aquí por ellos, pues continuamente no paraba, ya confesando a unos, y ayudando a otros, que aunque sin socorro ni pan de munición; solo con llevar mi pica con las Armas de Casa Santa de Jerusalén, que en la ocasión también matara algún Prechaire si me quisiera él matar a mi, no faltaba la merced de nuestro Señor para remediar los pobrecitos: ya predicando, y animándoles al trabajo les ayudaba a traer fajina, y daba voces, y con mi lengua les decía: “Germans lo pa de munició vos sustenta, mes la faxina vos guarda la vida, y defensa, mireu que dins de Tortosa tots los soldats que hi a no son Catòlics, que hi ha molts heretges enemics de la nostra Santa Fe Catòlica, y en particular hi han dos Prechaires, o Predicadors, que ú te fama de molt docte, y lo altre de molt fervorós, predicant la heretgia, y publicant sa falsa doctrina: Procurem amb totes veres llançar-los de Tortosa, pera que reste neta de tan gran pestilència.”.

Esa labor de auxilio son las famosas carabines esquerreres de las que habla fray Cristóbal Mercader  como introducción a su poema “Als Soldats Valencians”: “Con el celo de la honra de Dios ultrajada, y con la lealtad que tenía a su Rey invadido y el amor y cariño que tenía a sus paisanos, se ofreció a esta jornada, para la cual hizo prevención de varias medicinas, polvos, clisteres[8], que el Siervo de Dios llamaba en su lengua valenciana carabines esquerreres”. Esquerreres por doble motivo: en primer lugar los mosquetes de la época poseían el mecanismo de chispa para poder dispararlos a la derecha del arma, con lo cual tenían que ser forzosamente diestros los arcabuceros y mosqueteros. Y en segundo lugar porque a la izquierda se encuentra nuestro corazón, simbolizando con ello la idea de amor al prójimo. Armas no de carácter bélico, sino de caridad y acompañamiento espiritual, tal como lo podemos ver en el fragmento de su poema “Ànimo, los meus germans”:

Ànimo, los meus germans,

que no nos  desampararà

qui tostemps  ajudant-vos va,

ja  ab oracions, ja  en les mans.

Mort aveu, com a cristians,

servint al catòlic rei,

per la pàtria i per la llei.

I jo, com a bon vassall,

per pagar-os el treball,

os envie este remei.

(…)

Altres facen invencions

y compren sa  vanaglòria,

que jo, en misses, la victòria

celebre, y en oracions;

i per tals deprecacions

que són per a els defunts bé,

Déu, per la glòria que té

ens lliurarà de tot mal

i tornarà el Principat

al monarca que el perdé.

Alaba las acciones militares en las que participaron los valencianos: “D. Luis Ferrer con su Tercio viejo una noche avanzó, y le minó, y rindió; a la toma de Amposta ayudaron mucho dos Capitanes Valencianos del Tercio de Juan del Castillo; a la de Flix ayudaron mucho los que había en el ejército que son muchos cabos en muchos Tercios; y así su Majestad ha hecho Sargento mayor de aquella Plaza a un Valenciano”.

El 24 de noviembre las naves francesas intentan romper el cerco con una escuadra portadora de refuerzos. La rápida y valerosa acción del Duque de Alburquerque, al mando de las galeras (inferiores teóricamente frente a la artillería de los buques de alto bordo), decidió la suerte de Tortosa que solicitó la capitulación. Volvemos a citar otro fragmento de un poema de fray Pedro Esteve en el que hace referencia a estos hechos, tomado de  “Plora Barcelona”.

(…)

I així se n’entraren

una escurribanda,

més los de Rosell

guarden bé sa casa.

Maten de francesos

una gran solada

i de micalets

tota una esquadra,

fugint a Tortosa

a dar la embaixada.

 

Monsur de la Mota

que tenia sitiada

la lleal Tortosa

a fugir arranca.

No gosa esperar

perquè tot se espanta

de veure sa gent

tota acovardada

pensant que venia

la gent valenciana.

También lo cita en el texto de 1651 : “Y al punto tuvo el aviso el señor Duque General de los navíos venían con el socorro, y bastimentos para la Plaza, y ejército; salió con sus Galeras a impedirlo sin aguardar esfuerzo para ellas, descubriólos al amanecer Jueves a 24 de Noviembre, y aunque la gente, y Cabos de los navíos hacían mofa, y poco caso de las galeras, les tomó, y nos dio tan feliz día (que solo se podía esperar del noble, valeroso animo de el S. Duque de Albuquerque). (…) Que todo ha sido milagro evidente de nuestra Señora de los Desamparados, que no ha permitido que aquella mala canalla, ni secta tuviese lugar de echar alguna semilla en nuestro Reino, de que debemos continuamente darle gracias y a su Hijo bendito el Jesús Pobre”.

Finaliza su carta refiriendo detalles de la capitulación y de cómo entró él con las tropas “Rindióse la Plaza el día capitulado 5 de Diciembre 1650 a las 8 de la mañana en la forma en las capitulaciones ajustada a todo lo cual me hallé presente, y así haré buen testigo. Después de haber dicho Misa llegué al portal de la Villanueva por donde habían de salir los rendidos, estando ya todos recogidos dentro de la Plaza (…) entré en una mano una cruz con un Crucifijo pintado, en la otra media pica con una bandera, y las armas de la Casa Santa y arrodillándome delante de una imagen de N. Señora de piedra que está encima de la puerta con alta voz dije la Salve, y que esta iba por cuenta de N. Católico Rey de España, y acabada dije: “Vitor la Santa Iglesia Romana, y lo nostre Catholic Rey de Espanya”. Y entrando solo por medio de los enemigos me fui a la Iglesia Catedral, y dando las debidas gracias (que también dieron después todos los señores del ejército) me fui por toda la Ciudad dando las mismas voces, y hallé todas las puertas cerradas, que los naturales las tenían así por miedo no les robasen los enemigos lo poco que les quedaba, conocieronme diciéndome Pare Pere: asegúreles que bien podían abrir, que ya los enemigos estaban fuera, y luego me puse a predicar en la Plaza de Tortosa.

Salieron de la Plaza 1.500 hombres rendidos, la mayor parte de Esguizaros, y herejes, sin mas de 300 heridos que enviaron la noche antes en una saetía; 34 caballos de carga; 155 bagajes; 9 banderas desplegadas; 2 piezas de artillería”.

Como conclusión a todo lo anterior podemos reseñar que nuestro Pare Pere participó en un hecho crucial de la rebelión de los catalanes contra Felipe IV, tanto como fiel súbdito de su tiempo, como protector de la fe, pues su participación en ella fue para reconfortar almas y cuerpos de los que sufrieron sus penurias.

 

 

 

[1] Descubierta por fray Enrique Oltra Perales, y publicado por vez primera en 1988. Manuscrito 2381, fols. 248R a 249V.

[2] Su lema era “Multa regna, sed un rex”: muchos reinos, pero un solo rey.

[3] La tradición cuenta, que para reconocer quien era lugareño y quién no, se les hacía repetir el trabalenguas “Setze jutges d’un jutjat mengen fetge d’un penjat; si el penjat es despengés els setze jutges menjarien fetge d’un despenjat”; su buena pronunciación decidiría la catalanidad del interpelado, o su muerte. De ahí el título del himno catalán “Els segadors” y su estribillo “bon  colp de falç”.

[4] Previamente el 16/I/1641 se había proclamado una efímera República Catalana.

[5Dénia fue sede de las galeras reales durante el S. XVII.

[6] Alavés de nacimiento (1585). Recibió numerosas dignidades académicas, durante la peste de Valencia de 1647-48 extendió la veneración a la Virgen de los Desamparados. Antes de ser arzobispo de Valencia (1649-58) lo había sido de Coria (1644-49), y posteriormente de a Sevilla (1658-53) donde falleció en 1653.

[7]Llegó dicho señor Jurado Coronel, Viernes a 11 de noviembre a la puente de Alcántara, desde donde dio vista a la ciudad de Tortosa, a donde salieron el Maestro de Campo D. Juan de Castellví, D. Gerónimo Ferrer, y el Maestro de Campo D. Feliciano Talegero, acuarteló allí su gente aquella noche, y llegó D. Juan de Valbona Teniente de Maestre de Campo General del ejército de Cataluña, de orden y nombre del S. Marqués de Mortara a darle la bienvenida, y convidarle a comer al otro día, y a todos sus camaradas”

[8] Lavativas.

 

Aparegut originalment en el llibret de la Santíssima Sang de 2018