LA DÉNIA DE AYER VISTA POR UN PINTOR CASI OLVIDADO. Un paseo marinero con los bocetos de Rafael Monleón Torres

Per Javier Calvo Puig

Nuestra Ciudad ha sido documentada gráficamente en numerosísimas ocasiones con fines pintorescos, publicitarios, paisajísticos… El puerto y el castillo son habitualmente los más representados.

Entre los formatos de las vistas de Dénia sobresalen a partir del XX las fotografías, y antes, litografías y planos. Varios son los artistas que han inmortalizado nuestro entorno; desde fotógrafos como Marsal o Guillem (en sus series dedicadas a postales), a pintores como el gran paisajista de Dénia Costa Tur, Mariano Sánchez (que nos dejó su Vista del puerto y castillo de fines del XVIII, desaparecido en la quema de la embajada española en Portugal en 1975) y Vicent Mestre con su Expulsión de los moriscos del S XVII, así como militares en sus planos (Aguirre, Berlinguero…).

La constante digitalización de fondos que realizan la Biblioteca Nacional de España[1] y la Fototeca del Patrimonio Histórico han puesto al alcance de los estudiosos no sólo unas vistas de Dénia desconocidas hasta hace poco, sino también las visitas a Denia de dos artistas que en su momento alcanzaron cierto renombre.

Entre ellas destacaríamos las obras del pintor historicista naval Rafael Monleón Torres y las del impresionista húngaro Segismundo de Nagy, los cuales dejaron constancia de su presencia en nuestra ciudad (en 1871 y 1918 respectivamente) a través de unas obras recientemente digitalizadas. Dedicamos este artículo a los bocetos de Dénia del primero.

Rafael Monleón Torres es un pintor naval nacido en 1843 en Valencia. Heredó sus dotes artísticas de su padre, el arquitecto Sebastián Monleón Estellés, profesor de la Real Academia de San Carlos (y autor de la Plaza de Toros de Valencia y de la fachada del Teatro Principal de Valencia, por ejemplo). La vena marinera también corría por sus venas, pues fue piloto naval y navegó a fines de la década de 1850 por las aguas del Mar del Norte (que luego representará en sus obras). Su formación continuó en Valencia, hasta su traslado en 1863 a Madrid, donde se matriculó en la Escuela Superior de Pintura, Escultura y Grabado; allí recibió clases de Carlos de Haes (considerado el introductor en la España decimonónica del paisaje moderno). En el agitado año de 1868, con 25 años, Rafael abre un estudio de pintor en la calle de las Hileras de Madrid, donde empleará preferentemente las técnicas del óleo y la acuarela, sin despreciar el grabado. Su pasión por el mar le hace solicitar al año siguiente ser admitido como pintor honorífico y dibujante del Museo Naval y de la Armada; entonces realiza su cuadro más conocido, “Combate de Trafalgar” (óleo sobre lienzo de 94 x 201 cm. 1869) y es admitido al cargo al año siguiente, donde permanecerá hasta su muerte en 1900


Primer cuadro del artista relacionado con nuestra costa  y fotografía de D. Rafael Monleón
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Su relación con nuestra ciudad se inicia con un cuadro de la década de los 60 titulado “Costa de Dénia”, del que tenemos constancia gracias a un cuaderno suyo de bocetos conservado (y digitalizado) en la Biblioteca Nacional de España.

En dicho cuaderno describe al dorso sus principales características: “Nº 4, “Costa de Denia”. Largo 0’__metros, ancho 0’__ metros. Peñas rojas y amarillas. Pintado en Madrid en 186_ y Expuesto en la Exposición Naval”. En el cuadro de Rafael Monleón, del que sólo conservamos el boceto, se aprecia la costa de Dénia y el momento de varar una barca de pesca. Carece de fecha, pero sabemos que es anterior a su marcha como piloto naval al norte de Europa, ya que presentó tres cuadros a la Exposición Naval de Bellas Artes de Madrid de 1866: La bahía de Jávea, ­Antes de la tempestad y Naufragio en el cabo de San Antonio. No será la única vez que visite nuestra comarca.

En esos años Dénia había sido noticia en varias ocasiones en la prensa nacional (e internacional) por los naufragios acaecidos en nuestras costas, de los que destacamos dos. El primero, con final feliz, en noviembre de 1865, del vapor francés[3] proveniente de Marsella y en dirección a Orán, Gange, con cerca de 600 soldados y otros tantos pasajeros, que se vio obligado a embarrancar en el bajío de El Caballo, y cuyo pasaje y tripulación fueron salvados por el capitán del puerto Alonso Salgueró y auxiliados por el cónsul francés Juan Vignau y el alcalde Alonso Morales. El otro, con hundimiento[4], en noviembre de 1869 en el mismo lugar del vapor inglés, que había venido a nuestra ciudad a cargar pasa, Parthenon de 700 Tm, y del que fueron subastados sus despojos ese mismo año por el cónsul británico en nuestra ciudad Robert Rankin.

La obsesión de Rafael Monleón era la precisión en la representación de los buques, dejando en segundo plano los detalles de las costas, que solo servían de marco. Primaba la descripción técnica de la embarcación sobre su calidad como marinista. Tanto es así que un ingeniero naval, Mr. Jails, dijo que al contemplar sus cuadros[5]: “se duda si son pintados por un artista inteligente en construcción naval, o por un ingeniero naval inteligente en pintura”, lo cual si bien enaltecía sus dotes como ingeniero (recordando sus orígenes como piloto naval), menoscababa su calidad como pintor. A pesar de ello participó en todas las exposiciones nacionales desde 1864 hasta 1899 (salvo en 1892) en busca del reconocimiento oficial. Sin embargo, no obtuvo grandes premios, tan solo una medalla de tercera clase en 1881, una mención honorífica en 1887 y otra medalla también de tercera clase en 1871.

El realismo de sus obras a la hora de representar las embarcaciones se muestra en sus composiciones más conocidas, la mayoría en el Museo Naval de Madrid: Combate del Callao (1869), Defensa de la Carraca contra los cantonales insurrectos (1874) o La Rada de Alicante (en el museo del Prado 1881 y con el que consiguió una Tercera medalla en la Exposición nacional de Bellas Artes de ese año); sin embargo, es menos preciso en otros detalles como marinista. Perfila la costa, como en sus grabados sobre la costa de Jávea, o sus acuarelas sobre el cabo de S. Antonio[6] (que aquí no reproducidos).

Vamos a disfrutar ahora de los bocetos de Rafael Monleón que han sido digitalizados por la Biblioteca Nacional de España; nos ofrecen diversas vistas de la fachada marítima de nuestra ciudad que nos permiten viajar en el tiempo e imaginar cómo era la Dénia de esa época. Las he reordenado tratando de acompañar al artista en el paseo que realizaría desde las Rotas hacia el Raset.


El paseo se inicia con una visita al cementerio de los ingleses, en el Marge Roig. Mezcló nombres y lo identificó en su boceto como “Les tumbes roches”. El cementerio sería un motivo pictórico largamente llamativo para los pintores del XIX, todavía imbuidos de espíritu del romanticismo. El cementerio de los ingleses era relativamente reciente, pues inicia su andadura en 1856[7]. Son dos bocetos en los que se aprecia el escarpe terroso sobre el que se asentaba el cementerio; el primero con muestras de estratos comidos por el mar, dándole un aspecto de acantilado en miniatura; el segundo nos presenta una imagen más lejana en la que crea una sensación de fondeadero (se ve una silueta de un posible pescador con lo que podría ser una caña) y que por ello escribe en ella “ensenada”.


 El siguiente paso son las barcos que hay en esa ensenada, la Marineta Casiana. Destacan en su boceto un llaud en primer término, y al fondo embarcaciones de mayor porte. Recordemos que esta zona era también empleada como puerto desde la antigüedad y que aún tardarían muchísimos años en realizarse las obras del puerto[8]; los barcos debían quedarse en la bocana del puerto o en la caldera a espera de que las chalanas transportasen las mercancías a los mismos. Conviene destacar la rapidez de ejecución del boceto, pues muestra la barca desde dos ángulos y la actividad de los marineros ya ha cambiado. En una de ellas escribe “Bruja”, quizás el nombre de la embarcación.


Cuando su paseo lo lleva a la altura del Fortí, destaca “Murallas Antiguas”. En el primer boceto se pueden observar los restos de la antigua torre conocida como La Patá. No es el único objeto que le llama la atención; como su objetivo principal es delimitar la línea de costa se recrea en representar el montículo de San Nicolás y la construcción que lo culmina: el Castell de Olimbroy, de cuya fachada hace un bosquejo en la parte superior derecha de la lámina.

En la siguiente imagen, que describe como “La Marina” ya está en pleno Raset, muestra una vista de lo que bien podría ser el edificio del Pósito, hotel actualmente, con la proximidad de las viviendas al mar.

Al barrio marinero le dedica una especial atención, pues en la siguiente vista nos muestra el primitivo embarcadero que estaría situado al final de la actual calle Puente. Realmente es una estampa costumbrista en la que nos muestra el espigón que servía de muelle y a varios individuos llevar lo que parecen sacos a sus hombros para cargar las embarcaciones. El costumbrismo de la escena se refuerza con la nave del primer término, con sus aparejos colgando y los remos esbozados en el suelo, así como las aves picoteando el suelo sin asfaltar de la parte inferior derecha.

La vista del barrio marinero es la que más repite en sus bosquejos, pues se detiene en los matamares de las construcciones que todavía hoy subsisten y las vistas de las barcas varadas tan pegadas al mar. Convendría recordar que en esta zona del interior del puerto la profundidad era exigua, lo cual hacía menos temible la fuerza del mar para sus habitantes, que en esos momentos empezaron a ser calificados del poalet[9] por aprovechar esa proximidad del mar para arrojar en él sus desperdicios por la falta de alcantarillado (que ya poseía la mayor parte de la ciudad). La calidad y precisión de su dibujo queda patente si la comparamos con una foto, cincuenta años posterior[10], en la que podemos ver la fidelidad en las construcciones y en los tipos populares

Finaliza ya este paseo en las Marinas, con dos vistas de la misma casa próxima a la playa. Le debió llamar la atención el tipismo de la embarcación varada, la casa con su muro y sus piteras. Al fondo, la vista del perfil del Montgó, con su Punta de Benimaquía, sería el elemento necesario para retratarlo en una posible posterior marina.

Añadimos unos últimos bocetos. Afortunadamente, en uno de ellos, con la fragata Victoria, fechó su estancia. A esta fragata le dedica una lámina en la que obvia cualquier identificación geográfica, destacándola contra el horizonte marino. No será la primera vez que la represente. La entonces novísima fragata Vitoria[11] era en 1871 un barco puntero, pues era la segunda fragata blindada de nuestra escuadra e incorporaba alumbrado eléctrico como novedad. Los apuntes tomados en la ciudad le permitirán realizar años después (1873-74) una acuarela[12] titulada “La Fragata Victoria persiguiendo a la Numancia en el combate naval contra las cantonales” de 32 x 50 cm.

Junto a ella he colocado la vista de lo que sería el puerto de Dénia desde la gola del Saladar, que él tituló “Vista del Cabo de San Antonio”. Esta sería una estampa de la ciudad en la temporada pasera, con multitud de embarcaciones y la siempre costumbrista imagen de varar la barca. En esta lámina aparece un sello con la leyenda “Testamentaria de Rafael Monleón 1900”, ya que al fallecer legó sus obras al Museo Naval.

Y para cerrar esta revisión a la obra de Rafael Monleón, otra vista de nuestra costa, que el apunta como “Les Arenetes”, pero que correspondería a las Rotas.

Con estos delicados bocetos, el artista nos legó un bello paseo por la costa de Dénia, sus barcos y su mar. Recordad que se puede disfrutar de gran parte de la obra de Rafael Monleón Torres en el Museo Naval de Madrid.





[1] De la obra de Rafael Monleón se conservan en la Biblioteca Nacional de España 2.164 páginas con dibujos: 99 “Dibujos individuales” y 6 “Álbumes” con 1.840 hojas, muchas de ellas con más de un apunte o dibujo, y ocasionalmente dibujadas por las dos caras, así como otras sin catalogar hasta completar la cifra inicial, lo que hace que lo allí conservado supere los 3.000 dibujos y bocetos. GONZÁLEZ DE CANALES Y LÓPEZ-OBRERO, Fernando: “Los dibujos de Rafael Monleón Torres” en Archivo de Arte Valenciano, Volumen XXXIX, Real Academia de Bellas Artes de San Carlos. Valencia 2008.
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GONZÁLEZ DE CANALES LÓPEZ OBRERO, Fernando. “Madrid, Monleón y la mar”. XXVIII Semana de Estudios del mar. Cartagena 1983. De esta obra hemos obtenido el retrato del artista. Todas las demás ilustraciones provienen de la digitalización realizada por la Biblioteca Nacional de España.

[3] El Imparcial 27 de noviembre de1867. El Siglo ilustrado. 23 de diciembre de 1867. (Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España).

[4] La paz de Murcia, 6/XI/1869. Eco de Alicante 12/XII/1869. Biblioteca Virtual de Prensa Histórica de Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

[5] PIQUERAS GÓMEZ, María Jesús, “Rafael Monleón: el pintor del mar y su historia”, En Ars Longa. Cuadernos de Arte, Nº 2, Universidad de Valencia 1991.

[6] Algunas de ellas aparecen en mi obra de 2017: Más Dianenses del S. XIX y principios del XX.

[7] VIDAL i VICEDO, Agnès. El cementeri dels anglesos. Edicions del Bullent. Valencia 2006.

[8] FERRER MARSAL, Juan. El puerto de Dénia. Una ilusión de progreso. Publicado por la COPUT, Generalitat Valenciana. Valencia 1994.

[09] CALVO PUIG, Javier. Dénia en el S. XIX: evolución socioeconómica durante el esplendor pasero. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Universidad de Alicante 2003.

[10] Colección particular.

[11] Se llamaba así en honor a la batalla de 1813, de 96 m de eslora, 17 de manga y 7250 toneladas; había sido construida en Inglaterra y entregada a España en 1868. Pocos meses antes de su arribo a Dénia, a fines de 1870, había formado parte de la escuadra que trajo a España al rey Amadeo I de Saboya.

[12] Como dibujante de la revista La Ilustración Española y Americana, en su número XL del 24/X/1873 había publicado unos grabados sobre el combate naval entre el gobierno y los insurrectos en los que participó la Vitoria. (H.D.B.N.E.).